Nuestros animales

 

Uno de los atractivos de la casa rural es, precisamente, su condición de agroturismo. Nuestra familia siempre se ha dedicado al sector ganadero y somos fervientes defensores de los animales, la naturaleza y un modo de vida sano, tranquilo y apacible.

Todos los que nos visitan se sorprenden de ver la variedad de animales que viven en el caserío y que, como parte de nuestro día a día, también queremos presentarte:


Pantxika

Nuestra burrita. Mansa y cariñosa. Sólo tiene un defecto: le gusta tanto revolcarse en la tierra que, ¡es imposible presentarla limpia en sociedad! También es un pelín escandalosa rebuznando… Pero, bueno, todo se lo perdonamos, su humildad gana nuestro corazón. Por cierto, acaba de ser mamá… Zorionak, Pantxika!.

 
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Las vacas

Para nosotros no son sólo vacas, sino “las chicas”. Así las llamamos cariñosamente. Nos dedicamos a la producción de leche, por eso junto al caserío tenemos la vaquería donde ellas viven. Si la visitáis, comprobaréis, por ejemplo, lo relajante que puede resultar verlas rumiar, o si os gustan las experiencias fuertes, y tenéis suerte, podréis asistir en vivo y en directo a un parto. Ellas sí que valen.

 

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Las gallinas

Es una gozada recoger sus sabrosos huevos por la mañana… Desde muy temprano las veréis por aquí y por allá picoteando en el campo, y escarbando, hacia el mediodía, en el jardín para tumbarse extasiadas al sol. ¡Eso es vida!

Lur

Es joven, juguetón, y bruto, muy bruto. No es consciente de su tamaño, ni de su fuerza, y al no ser precisamente un caniche, de la que te salte encima, acabáis los dos jugando en el suelo, ¡a lametazo limpio! “Atropellos” aparte, a los niños les encanta, porque buscan cariño y Lur tiene mucho que dar. Su nombre significa “tierra”.

 

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Las ovejas

Tan disciplinadas y silenciosas, apenas nos percatamos de que están ahí, y de lo bonito que es asomarnos a la ventana y ver los pastizales que rodean el caserío salpicados por estos animales. Cuando se esconden en el manzanal, alejado de la casa, y no las vemos durante semanas, es entonces cuando sentimos especialmente su falta. Y a veces vuelven acompañadas… ¡de juguetones corderitos!

 
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Muxi

Pulula por los alrededores del caserío a su aire. Conoce todos los escondrijos de la casa, y sólo hace caso a quien a ella le apetece. Ya sabéis, una gata muy gata. Tened cuidado y no dejéis comida a su alcance, porque a ésta no se le pasa ni una…

«Al ser un caserío se podía estar en contacto directo con los animales e incluso ver cómo ordeñaban las vacas. De hecho, en los días que estuvimos allí pudimos ver un ternero recién nacido».

Aida (Nekatur)
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